La salud mental es muy importante durante la infancia y a lo largo de toda la vida. Pero en esta primera etapa de la vida es fundamental, ya que no sólo es garantía de un desarrollo sano, si no que es probable que pueda mantenerse durante la vida adulta. A menudo nos preocupamos por la salud de nuestros niños y niñas, y para ello son múltiples las revisiones médicas, vacunas, alimentación, actividades a los que los exponemos, aunque solemos olvidar poner atención sobre la salud mental.
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Tener salud mental en la infancia significa alcanzar los indicadores del desarrollo e indicadores emocionales, aprender habilidades sociales saludables y modos de cómo enfrentar los problemas que puedan presentarse. Los niños que son mentalmente sanos tienen una calidad de vida positiva y pueden desempeñarse en todos los espacios en los que participan.
Con frecuencia nos preocupamos por la salud y el bienestar de nuestros niños y niñas. Les proporcionamos todo lo que podemos, intentamos ser padres y madres perfectos, evitarles todo daño y proporcionarles todo lo que esté a nuestro alcance. Sin embargo, la salud mental no está en ser proveedores de todo lo que quieren. Cuando hacemos esto los privamos de las oportunidades de experimentar, de aprender y limitamos su desarrollo. Los niños y niñas necesitan vivir su niñez, necesitan experiencias, juegos y diversión, necesitan ser ellos mismos.
Las adversidades, los retos, los conflictos son parte de la vida y las emociones, conocidas como negativas, son parte natural del ser humano y tienen una importante función. Si los privamos de todo esto no les damos la oportunidad de frustrarse y desarrollar estrategias de afrontamiento.
Del mismo modo que dejamos que aprendan a trepar, correr, andar en bici con el riesgo de caer y lastimarse también debemos darles oportunidades de jugar, hacer amigos, vincularse con otros, aunque corran el riesgo de ser burlados, rechazados o lastimados en sus sentimientos. Porque todas esas experiencias los convertirán en personas mas seguras de sí mismas y más empáticas con los demás.
No se trata ni dejarlos solos, ni hacer todo por ellos. El rol de los padres, madres y cuidadores debe ser el de ofrecerles experiencias, acompañarlos, orientarlos, animarlos y elogiar sus logros; para estar ahí para cuando lo necesiten, para jugar con ellos, para dejarlos jugar con otros, para poner límites, para validar sus emociones y que puedan ponerles palabras y para reflexionar sobre sus conductas desproporcionadas frente a esas emociones.
A veces muchos niños tienen miedos y preocupaciones o problemas de comportamiento, pero ¿Cuándo debemos consultar? Cuando observamos cambios serios en su forma habitual de aprender, comportarse o manejar las emociones, cuando estas conductas o emociones causan angustia y problemas en las actividades diarias. Cuando estos síntomas son persistentes o extremos de tal manera que causa serios problemas en la casa, la escuela o con los compañeros, es probable que estemos frente a un problema de salud mental.
Cuando aparecen síntomas psicológicos puede deberse a que el niño o la niña están pasando por una situación especial o una crisis vital (cambio de escuela, mudanza o nacimiento de un hermano) o puede que sean síntomas de condiciones (los profesionales muchas veces hablamos de trastornos) más estables.
En la infancia podemos encontrar las siguientes condiciones:
Depresión
Trastorno oposicionista desafiante
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Trastorno de la conducta
Síndrome de Gilles de la Tourette
Trastorno obsesivo-compulsivo
Trastorno por estrés postraumático
Discapacidades del desarrollo
Se trate de un síntoma circunstancial o de una condición mas estable siempre es importante la consulta temprana.
¿Qué podemos hacer?
Padres: Hablar con el pediatra si tienen inquietudes acerca de la forma en que su hijo se comporta en la casa, en la escuela o con sus amigos.
Adolescentes: Cuidar de la salud mental es tan importante como cuidar de la salud física. Si están enojados, preocupados o tristes, no tengan miedo de hablar acerca de sus sentimientos y acudan a un amigo o adulto de confianza.
Profesionales de la salud: Es muy importante tener un diagnóstico temprano y un tratamiento adecuado. Hay recursos disponibles para ayudar a diagnosticar y tratar los trastornos mentales de los niños.
Maestros o personal administrativo de la escuela: La identificación temprana del problema es importante para que los niños puedan recibir la ayuda que necesiten. Trabajen con las familias y los profesionales de la salud si tienen alguna preocupación sobre la salud mental de un niño en su escuela.
¿Cuáles son los signos de una buena salud mental en la infancia?
Capacidad de experimentar, regular y controlar las emociones.
Asegurar buenas relaciones interpersonales.
Explorar el entorno sin miedo y aprender de él.
Un sano desarrollo social y emocional.
¿Cómo favorecer la salud mental en la infancia?
Darles espacio y oportunidades para hacer cosas diferentes.
Establecer diálogos donde podamos saber qué les gustas, cómo se sienten, que cosas les divierten y que cosas no les gustan, los enojan o los ponen tristes.
Permitir que hagan cosas por sí mismos, aunque se equivoquen, necesitan aprender y comprobar que son capaces de hacerlo.
Generar un clima de confianza donde no teman expresarse.
Ser afectuosos y desarrollar relaciones seguras.
Dedicar tiempo libre para ellos, no llenar sus agendas de planes y estar disponibles un rato (aunque sea 15 minutos) para jugar con ellos.
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