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Ansiedad Infantil

Foto del escritor: Lic. María Virginia  GarcíaLic. María Virginia García

No solo los adultos sufren ansiedad. Los niños y niñas también tienen preocupaciones y situaciones estresantes. No se trata de eliminar los problemas, si no que logren identificar la dificultad, tolerar la frustración, lo puedan expresar con palabras, resolverlo o pedir ayuda.


 

Las causas de la ansiedad en los niños y niñas pueden ser muchas: exigencias escolares, deportivas, problemas familiares, miedos, un horario sobrecargado, alguna situación o información que los deje preocupados. El desencadenante puede variar, pero es cuando los niños y niñas evalúan que la situación es una amenaza o un peligro y que no cuentan con los recursos suficientes para hacerle frente, que aparece la ansiedad.


El trastorno de ansiedad es una respuesta anticipatoria a una amenaza futura. Muchos de los trastornos de ansiedad tienen inicio en la infancia, los tipo de trastornos de ansiedad son: mutismo selectivo, ansiedad por separación, fobia específica, ansiedad social, trastorno de pánico, agorafobia y ansiedad generalizada.


Síntomas

  • Dolores de cabeza y estómago.

  • Dificultad para dormirse.

  • Cambios de estado de ánimo

  • Le cuesta separarse de los padres.

  • Hábitos nerviosos (morderse las uñas)

  • Miedos intensos e irracionales.

  • Preocupación excesiva

  • Problemas de conducta: agresividad, enojo, inhibición, rebeldía.

  • No quiere hacer las cosas que habitualmente hacía, como ir a la escuela.


¿Qué hacer para prevenir la ansiedad?


  • Evaluar cómo viven los niños y niñas su contexto: ¿hay cambios en la familia? ¿mudanzas? ¿cambios de escuela? ¿sus horarios están muy sobrecargados? ¿tienen las expectativas muy altas respecto de lo que deben rendir? ¿Cuáles son sus miedos? ¿los asusta el covid-19? ¿Cómo se sienten con el aislamiento en la pandemia? Es importante tomarse un tiempo para compartir y dialogar sobre lo que piensan y sienten en relación a las cosas que les pasa en la familia, en la escuela y otros espacios de participación.

  • Evaluar con qué recursos cuentan para hacer frente a las demandas del contexto: ¿hablan de lo que les pasa y de sus sentimientos? ¿tienen amigos? ¿cómo es la comunicación con sus papás? ¿hacen actividad física? ¿cuentan con tiempo para calmarse o relajarse? ¿saben hacerlo? Es necesario generar espacios de dialogo en donde ayudarlos a pensar que, así como existen los problemas también cuentan con muchos recursos que los hacen fuertes para poder afrontarlos.

  • Evaluar qué ejemplos de vida tienen esos niños y niñas: ¿los padres trabajan todo el tiempo? ¿logran compartir momentos de relajación y disfrute? ¿a qué le dan importancia, al esfuerzo, a los resultados? ¿cómo enfrentan esos adultos sus propias dificultades? ¿cómo reaccionan frente al error propio y ajeno? ¿qué cosas les dan miedo a los padres? ¿Qué cosas los ponen felices? ¿son afectuosos, demuestran sus sentimientos a los demás? A veces es bueno contarles que todos pasan por alguna situación similar, alguna dificultad o algún miedo y cómo hicieron para resolverlo y quien los ayudo.

  • Dar importancia a los sentimientos: muchos padres subestiman los sentimientos de los niños y niñas, piensan que sus problemas pueden no tener tanta importancia (sobre todo si los comparan con sus propias preocupaciones) sin embargo una pelea con un amigo, o que su profesor o sus padres no notara su esfuerzo para llegar a un logro puede ser una fuente de estrés. Es importante ponerse en el lugar del otro desde su propia perspectiva, así lograr ser más empáticos.

  • Enseñar a afrontar los problemas y no evitarlos: es importante que estas situaciones sean una oportunidad de aprendizaje, en vez de solucionar sus problemas, es momento de reflexionar la situación con ellos y animarlos a pensar cómo resolverlo y acompañar esa resolución.

  • No sobreproteger, no resolver ni hablar por ellos.

  • No presionar ni exigir excesivamente.

  • Ser paciente, afectuoso y abrir un espacio de dialogo.

  • Dar oportunidades para que sepan que son capaces y autónomos.

  • Mostrar el orgullo que sienten por ellos cuando pueden superar sus miedos y preocupaciones.


Cuando los miedos y las preocupaciones de los niños y niñas generen síntomas fisiológicos o evitación de manera que afecten su vida familiar, escolar y social es necesaria la intervención de un Psicólogo que ayude al niño y oriente a la familia.


 
 
 

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